Solucionada inesperadamente la evacuación de Pablo, gracias al amabilísimo vecino de Bejes, que sin pedírselo se ófreció a llevarle en su coche hasta nuestro alojamiento; los demás barajamos la posibilidad de acabar la ruta por donde habíamos previsto: la ascensión (y descenso) al Collado Pelea.
Desde este pequeño pueblo, mirábamos y mirábamos el terrible collado.
La primera impresión es de : ``eso está en casa-dios´´.
Lo cierto es que después del percance de Pablo, nos habíamos enfriado bastante, con respecto a si volver por el famoso collado o no, pues ya habíamos hecho idea de bajar hasta la Hermida y volver por carretera. Pero al cambiar las circunstancias inesperadamente...
Despues de sopesar pros y contras en una breve charla, nos animó el que en ese momento las nubes se retiraban, pues la bajada a Bejes desde el Jito de Escrandi la habíamos hecho bajo una fuerte tormenta.
Unos que sí, otros que no. La mayoría relativa se impone, así que todos p´arriba.
En el comienzo de la subida (puente la Llambre), hay un cartelito que el Cdo. Pelea está a casi 1000 m. de altitud. Estamos a 560 m. y la distancia hasta arriba es de poco más de 2 Km.
Estas cifras, dificilmente asumibles, las verificaremos según subamos. El firme es de hormigón (con rayas), así es que si no subimos montados , no podremos echarle la culpa al empedrado. Pongo mi cuenta en la opción pendiente %, y sin más dilación comenzamos.
No hemos recorrido 100 m y empiezo a ver 17, 18, 19, ... Dudo si he puesto bien el cuenta, pues no sé si es la pendiente lo que marca o el DST (parcial). Pero no. Son ciertas las cifras, 23, 24, ... El plato pequeño y el piñón grande hace rato que están engranados. Alguno damos a la palanquita desesperadamente por si aparece un piñón 38 ó 40. No hay. No existen.
Hay que emplear todas nuestras dotes escaladoras para no echar pié a tierra: concentración, técnica, barbilla pegada al manillar, algo más de fuerza,... Observo que llevo la horquilla bloqueada, también el amortiguador. Voy rebotando en las rayas del hormigón.
Miro el cuenta. Tres por hora, dos por hora, ... 29 %, ¡¡TREINTA!! Cuando el medidor marca 32%, no sé qué hacer, si reir o llorar. Pierdo la concentración, la trayectoria y hasta la vergüenza. Es imposible: pié a tierra. Todo tiene un límite.
Por detrás de mí veo a Sportbilly y a Delfi 2. A José e Iván no se les divisa. Todos suben andando. Cuando uno empuja la bici por estas pendientes, se da cuenta de lo que pesan realmente.
Al rato cede la pendiente un poco. Sólo marca 20 ó 22 %. Llevamos recorrido un km más o menos. Lentísimamente, gateamos por esa cuesta inhumana. Como ha llovido y ha salido el sol, observo por primera vez en mi vida, como un caracol trepa pausadamente por un radio de mi rueda delantera.

Vamos tan despacio que damos tiempo a que nos sorprenda una nueva tormenta. Otra vez. A llover. Fuerte. Empapados. Rayos, truenos y centellas mellizas. ¡Qué mal rollo me dan los rayos en el monte! Andando y con las calas de la zapatillas haciendo toma de tierra...
Nuevo repecho. Otra vez 30 % en otro punto. Este sí le paso sin bajarme. Paulatinamente la pendiente va cediendo, el piso es peor, pero estamos tan hartos de ir pedaleando al límite, que algunos optamos por ir andando. Delfi sube montado hasta arriba.
Se atisba el cartelito que marca el collado. Ha dejado de llover y tronar. Collado Pelea. Quien puso el nombre a este sitio, acertó. Pues para subir hasta aquí nos lo hemos tenido que pelear bastante
Entre foto y foto y alguna barrita, nos rodea la niebla que sube desde Bejes.
Agotados pero felices, nos encaramos al descenso que nos lleva a Potes.
La bajada tiene su guasita. Dicen que, hasta el rabo, todo es toro. Uno se piensa que porque lleva frenos de disco puede bajar por cualquier sitio más o menos controladamente. Pero, ¿qué es lo que hay que hacer cuando después de dos o tres km. de bajada por pista de hormigón, con bastante pendiente, llega un momento en el que los frenos no paran la bici?
A los cinco nos pasó lo mismo. ¿Sería ahí donde marcó mi cuenta 36 % en bajada? El resto, por buen asfalto, lo hicimos disfrutando y relamiéndonos del pedazo de ruta que habíamos hecho.
Una pena que Pablo no pudiera culminar la excursión por culpa de la tremenda caída que sufrió. En cualquier caso, los Picos están ahí y nadie se los va a llevar, por lo que podemos repetirla en cualquier momento. ¿En otoño...?
Saludos a los amigos Pablo, Juanma, Jesús, José e Iván.
Quedé gratamente sorprendido por su actitud siempre positiva (nunca negativa), a pesar de los costarrones por los que les metí.